CONDENA AL CURA ALBERTO GIL. UNA FALSA

domingo, 22 de marzo de 2015

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Wojciech Waldemar (padre Alberto Gil), CONDENA FUE  UNA BURLA AL PUEBLO DOMINICANO.

No me gusta la propuesta de los 7 años de cárcel, porque con eso él no paga todo el daño que hizo, aquí en Juncalito y en Polonia”, así se expresa la activista Raquel Rivera, de la organización Coordinadora Mujeres del Cibao (CMC), al opinar del caso del Wojciech Waldemar (padre Alberto Gil), quien se declaró culpable ante la justicia polaca en busca de un arreglo que le garantice una condena no mayor de 7 años.
Raquel valora que se haga justicia en el caso, aunque el padre no haya podido ser juzgado en República Dominicana por el caso de las violaciones en el distrito municipal de Juncalito, de la provincia Santiago.
Rivera considera que la pena jamás sería suficiente para curar el trauma que causó el predicador católico, quien permaneció por ocho años en la comunidad serrana, prestando sus servicios, y se aprovechó de la confianza que le tenían las familias dejándolo al cuidado de sus niños, a muchos de los cuales violó sexualmente.Hay que verse ese espejo, porque han sido muchas voces calladas para procurar limpiar el nombre de padre y eso participaron gente que desde hace tiempo sabían lo que acontecía en esa comunidad”
La activista social afirma que las confesiones de culpabilidad del sacerdote dejan un mensaje para aquellos sectores que denunciaron las atrocidades de las violaciones sexuales a niños y que luego cambiaron sus opiniones por presión de sectores que defendieron la presunta moralidad del religioso.
“Hay que verse ese espejo, porque han sido muchas voces calladas para procurar limpiar el nombre de padre y eso participaron gente que desde hace tiempo sabían lo que acontecía en esa comunidad”, precisó.
Raquel Rivera lamenta que en este caso no se hayan denunciado todos los casos, porque muchas familias optaron por no revelar lo ocurrido para evitar que sus hijos fueran objeto de burlas en las escuelas y en los demás lugares donde frecuentaban.

CONCORDATO LE OTORGA PODERES EXTRAEMBRIONARIO A LA IGLESIA PARA QUE SUS DELITOS QUEDEN IMPUNES
Precisamente el 28 de Diciembre del año 2009 se cumple un nuevo aniversario, el número 47, del genocidio que ordenara la Iglesia Católica-Vaticano, Apostólica, Romana y muy, demasiado cristiana, llevar a cabo a las FF.AA. y a la P.N., ya puestas bajo su tutela, control, manejo y fideicomiso a través del Vicariato Castrense (1958), conforme al ilegal, inconstitucional e ilegítimo Concordato del dictador sanguinario, Rafael Leonidas Trujillo Molina, con el genocida y desalmado traficante de vidas humanas Pío XII desde el 1954. La particularidad de la masacre-genocidio de Palma Sola (1962) es que no fue generalizado ni indiscriminado, sino reconcentrado sobre un solo y único sector compuesto por una masa de infelices, ignorantes, miserables por ser parte del extremo máximo de la pobreza, hambrientos y abandonados, amasijo de gente del campo o campesinos, pertenecientes a todos sus niveles propios a sus grupos de los estratos inferiores en la escala de la pobreza, efectuado en Palma Sola, ordenado para llevarse a cabo sin miramientos por la Iglesia Católica-Vaticano en las personas del monseñor trujillista Pérez Sánchez, del obispo architrujillista Beras, como del agente de la CIA y orientador de no pocos de los crímenes del dictador, Pepe O’Reilly de la Diócesis de La Maguana, que hacía mancuerna al servicio de los Estados Unidos con Pancho Panal, atrincherado éste como obispo en la Diócesis de La Vega, que a su vez, junto con los EE.UU., eran los que manejaban el Consejo de Estado cívico-reaccionario católico que duró del 1961 al 27 de Febrero del 1963.
La Iglesia Católica-Vaticano, Apostólica, Romana y cristiana, conforme su naturaleza criminal -lo que le viene de su carácter esclavista, que es invariable, cambian los tiempos pero no ella- había arribado a la conclusión de que había que sellar con un contundente baño de sangre aleccionador para todos, pero sólo escenificado sobre un sector de la población dominicana, una especie de foquismo reaccionario, su nueva condición de dueña absoluta de la República Dominicana y heredera testamentaria directa de la dictadura de Trujillo, que fue su gran obra maestra y quien le concediera, como si el país y la sociedad fueran un hato de ganado vacuno, equino y caprino suyo, la propiedad de éstos a la Iglesia Católica-Vaticano con el Concordato (1954), el Vicariato Castrense (1958) y el Patronato Nacional San Rafael, también del 1958; con el Vicariato recibió la Iglesia Católica-Vaticano la entrega en propiedad, hecho insólito, absurdo y catastrófico, de los órganos coercitivos y represivos del Estado Dominicano, como son las FF.AA., la P.N. y los distintos cuerpos de espionaje y su seguridad.
Pero la propiedad de una cosa se efectúa ejerciéndola; sobre los cuerpos represivos y coercitivos se verifica lanzándolos a llevar a cabo, esto es, lanzando esos órganos y medios de la coacción a efectuar matanzas y actos represivos ilegales, para así comprobar el grado de su obediencia y reconocimiento del nuevo amo-dueño que releva al anterior, que era el dictador Trujillo, y que después y desde entonces quedaran en manos de la Iglesia Católica-Vaticano.
El carácter de la masacre-genocidio de Palma Sola como acción criminal deliberada, fría y calculada, como son todas las cosas sagradas, santas y divinas, sin olvidar que todo a lo que se le atribuye cualquiera de esos supersticiosos rasgos posee inevitablemente carácter de hecho, persona o suceso sangriento criminal, en contra de la sociedad y la humanidad, es que sus autores intelectuales y diseñadores prácticos, guarecidos dentro de la Iglesia Católica-Vaticano, seleccionaron el 28 de Diciembre, que dentro de su santoral de la brujería católico-cristiana está asignado al llamado Día de los Santos Inocentes. Lo que no fue nada casual y posee toda una historia interna, capaz de aterrorizar a cualquier persona, de la que conocemos cada vez más sus pormenores y detalles.
No hay un solo rincón ni esfera de actividad del Estado Dominicano, por más insignificante que sea, que, en negación absoluta y total del carácter secular, laico y reflejo de la sociedad y la República, no esté subyugada su naturaleza republicana consagrada en la Constitución, de que es libre y soberano, cuyos órganos reciben su poder de la voluntad soberana del pueblo (Arts. 2 y 3), no tenga sobre él sus férulas opresivas usurpadoras, retardatarias, reaccionarias, sobre todo de parásito oscurantista, negador de la autodeterminación del pueblo, esencia de la democracia, por parte de lo que es el cártel del opio auto-designado como divino, sagrado y santo Iglesia Católica-Vaticano, Apostólica, Romana y cristiana, S. A. Y dicha situación se está volviendo simple y llanamente inaceptable e insoportable para la supervivencia misma de la República Quisqueyana



El padre Alberto, como se hacía llamar en la comunidad de Juncalito, fue denunciado en junio del 2013. Las acusaciones en su contra dan cuenta de que abusó de al menos 12 niños.
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